Aunque su origen es desconocido, algunos documentos le atribuyen más de 500 años de antigüedad. Esta vistosa danza es ejecutada por hombres vestidos de blanco con gerriko y pañuelo rojo al cuello, que según la tradición deben ser regalados por las madres o las novias. Los dantzaris cimbrean con habilidad los arcos, sin perder el paso y con un metódico avance y retroceso que provoca el trenzado e intercambio de los aros, elaborados de zarzal de tosa silvestre o madera de avellano de entre 2,5 y 3 metros de longitud engalanados con cenefas de papel de seda coloreada.